Reseña: Kowloon. Generic Romance, Vol. 1 (Jun Mayuzuki)

Kowloon. Generic Romance es, muy posiblemente, una de las propuestas más extrañas, sugerentes e inteligentes de lo que llevo de año. La obra de Jun Mayuzuki se presenta como un manga romántico, como su subtítulo ya indica, pero… no es bien bien eso. No os puedo decir nada porque Mayuzuki juega con el lector al despiste hasta la última viñeta del primera tomo y así debe leerse. Pero sí puedo contaros que pese a ser una obra romántica, es ante todo un manga que habla sobre la identidad y la simulación. Sí, como lo oís, Kowloon. Generic Romance es una obra expansiva  y más compleja de lo que parece en un primer instante, que lo juega todo a una baza: el lector. Y os aseguro que, tras cerrar el primer tomo, vais a devanaros un poco los sesos… y vais a releerlo buscando las pistas que, muy inteligentemente, Mayuzuki nos ha ido dejando a lo largo de la narración.

¿De qué va esto? Pues bien, si me hubieran dicho ayer mismo que estaría asombrado por una obra en la que sus dos protagonistas son agentes inmobiliarios, no me lo hubiera creído. Pero esta es la realidad. Kujirai y Kudô son dos jóvenes agentes de una inmobiliaria afincada en Kowloon, un barrio en el que el principal atractiva es la nostalgia que desprende: sus habitantes viven allí para rememorar un pasado que parece que, con el paso de tiempo, ha ido desapareciendo. Mantenimiento de pisos, gestión de incidencias varias y, sobre todo, incontables horas en la oficina son las principales labores que llevarán a cabo, mientras, paulatinamente, el amor parece ir creciendo entre ambos.

Sobrevolando todo este anodino día a día está la figura de Generic Terra, una suerte de figura triangular que se está construyendo en el cielo de la Tierra y que pretende replicar a ésta. Una especie de espejo futurista que no deja de ser una reflejo(!) de este Kowloon que trata de representar/conservar fidedignamente un tiempo que ya no existe. Vamos, un espejo que refleja de forma infinita otro espejo. Y es aquí donde el ambiente, el aroma del manga, comienza a enrarecerse, a hacerse más complejo de lo que aparenta: jugando al despiste y a las narraciones especulares, Mayuzuki genera una historia que funciona como un romance, es cierto, pero que explora temas y motivos más complejos.

Si todo ello no fuera suficiente para motivaros a leerlo, si lo ojeáis por encima veréis otro de los pilares de la obra: su dibujo. Detallado, sensual, preciosista, exhaustivo… El trabajo en este apartado es excepcional y tanto fondos como personajes tienen un nivel muy alto. Una auténtica gozada.

Así pues, Norma Editorial tiene entre manos una auténtica rara avis, una obra que no es lo que parece a simple y eso es algo que puede jugar tanto a su favor como en su contra. Pero si algo puedo deciros es que es una de las lecturas que no para de venirme constantemente a la mente, un pequeño puzle del que sólo hemos atisbado sus primeras piezas y en la que la nostalgia y el amor parecen ser dos caras de una misma moneda. Estoy deseando que llegue el segundo volumen para ver qué nos tiene deparado Jun Mayuzuki y qué nuevas sorpresas nos esperan.

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