Reseña: Frieren, Vol. 1 (Kanehito Yamada y Tsukasa Abe)

Frieren es una obra profundamente melancólica y anticlimática y que tiene uno de los puntos de partidas más sugerentes de lo que he leído estos últimos meses: ¿qué sucede cuando un gran periplo, una gran aventura, llega a su fin? ¿Cómo es el día a día de sus protagonistas? ¿Cómo ha cambiado el mundo o cómo no lo ha hecho? ¿Qué ha sucedido con sus habitantes? ¿Qué viene después de la palabra «fin»? Frieren es, pues, un manga que se erige como un extenso epílogo y eso se nota en el tono de la misma: que nadie se acerque a ella esperando grandes aventuras y epopeyas porque no las va a encontrar. Antes bien, aquí hemos venido a ver un largo adiós, una larga despedida.

Frieren es una elfa que ha combatido junto con sus compañeros al Rey Demonio y ha sido capaz de derrotarlo y traer la paz a todo el reino. Una paz que cada uno de los miembros de la banda vivirá a su manera y que iremos descubriendo desde la perspectiva de esta perezosa elfa. Pero, además, como toda buena elfa y elfo, Frieren tiene la peculiaridad de que vivirá muchísimos más años que sus compañeros de aventura, lo que le otorga una manera de ver la vida francamente diferente a todos ellos: el tiempo no tiene el mismo valor para ella que para el resto de mortales.

Y el tiempo, precisamente, será uno de los ejes de este manga. Lo será por la longevidad vital de su protagonista, quien irá viendo como sus amigos van falleciendo poco a poco: su desapego y, por momentos, frivolidad deben entender, pues, en el marco de una vida en la que la muerte tendrá una presencia constante e inevitable. Por fortuna, Kanehito Yamada, su guionista, no se ceba en estos momentos dramáticos y sabe dotarlo de una ligereza que los lectores agradecerán, sin duda.

Pero el tiempo no será uno de sus pilares únicamente por lo expuesto sino, también, por el uso que hace de continuos flashbacks. Y lo cierto es que, pese a ser bastante frecuentes, el guionista sabe dosificarlos con minuciosidad y ponerlos en el momento adecuado. Un arte difícil de dominar pero que aquí hacen que parezca sencillo.

Su apartado artístico, por otro lado, hace gala de una sencillez y de un dibujo limpio que casa perfectamente con el tono y ritmo de la obra. Un dibujo, el de Tsukasa Abe, en el que destaca, sobre todo, el diseño de sus personajes y la plasmación del paso del tiempo.

Frieren es, pues, una obra de ritmo más pausado, melancólico, centrado en el día a día de su protagonista tras el punto álgido de su extensa vida. Norma Editorial apuesta aquí por una obra sencilla, preciosa que reposa en una narración cristalina, reposada. Un manga para gozar con las pequeñas cosas y para celebrar (o llorar) el paso del tiempo.

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