Reseña: Punchline: El juego de Gotham (Tini Howard / Blake M. Howard )

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En un mundo superheroico como el de DC nunca hay suficientes villanos. Parad un segundo a pensar en un mundo donde practicamente cada semana todos los supers han de sudar sus mallas para salvar a su ciudad de algún maléfico plan elaborado por una u otra eminencia del mal. En un mundo como este el número de villanos ha de estar siempre en un crecimiento continuo para surtir a los “buenos” de carne fresca a la que apalizar. Es por eso que la galería de villanos de cada uno de los héroes de las distintas editoriales es enorme. Fijaos en el héroe de la cabecera que traigo esta semana, Batman. Joker, Espantapájaros, Pingüino, Enigma, Bane, Poison Ivi, Ra’s Al Ghul, Frío, Dos Caras, Harley Quinn, El Sombrerero Loco, La Corte de los Búhos y así podríamos llegar al medio centenar, solo con los más famosos. Solo el caballero de Gotham tiene un roster de enemigos que para sí lo quisiera cualquier juego de lucha y aun con todos ellos hay veces que la galería de personajes se queda corta. Ya sea para adaptarse a los tiempos o por necesidades de la historia no queda otra que tirar de inventiva para crear alguna nueva amenaza que refresque el panorama del mal en “Ciudad Gótica”.

Este es el caso de la protagonista del cómic de hoy: Punchline. Una villana que nace de la necesidad de crear un villano que se adapte a los tiempos actuales y de rellenar el hueco que dejó Harley Quinn al convertirse en la antiheroína más loca, en todos los sentidos, de la historia del cómic. Una nueva “compinche” para el Joker pero que diera una vuelta de tuerca al personaje de Harley proponiendo un sidekick que estuviera a la altura en sadismo e inteligencia del mismo Joker y que no estuviera tan supeditada a la dependencia del mismo. La combinación de todo esto dio como resultado una villana que por sí sola era capaz de hacer frente a todos los personajes de la bat-familia, incluyendo, al mismísimo Batman. Tanto es así que desde DC no tardaron mucho en darle su propia serie.

“El Juego de Gotham” es una miniserie que presenta a una Punchline que quiere hacerse con el control de las calles de Gotham e inundarlas con la XO, una nueva droga que ha diseñado. Para ello pone en marcha toda su locura para elaborar un plan con el que limpiar de competencia la ciudad. Con la ayuda de una renovada Royal Flush Gang, Punchline se enfrentará a la Yakuza, a Mascara Negra, a Scarface y el resto de líderes mafiosos de la ciudad e incluso hará cara a Nightwing y Bluebird. Todo por buscar el sitio dentro de la jerarquía criminal que ella cree que merece ocupar. Un guión sin muchas complicaciones y que el mejor cumplido que le podemos dedicar es el de ser una historia “funcional” donde todo se reduce al tipiquisimo “los malos son muy malos y los buenos son muy buenos”. Esto no tiene nada de malo, al contrario, hay grandes éxitos bajo esa misma premisa. Pero mentiría si no dijera que al final el cómic se queda en una historia alimenticia que vas a olvidar de manera irremediable en cuanto empieces con otra lectura. La parte más destacable de la obra es la artística. Gleb Melnikov nos da una Gotham que, no sé por qué, me recuerda a la Gotham más pulp. El diseño de vestuario, los colores chillones de los enemigos, las situaciones, las onomatopeyas, las poses de los villanos…todo me quiere recordar, salvando las distancias, a los cómics de la edad dorada de DC. Un trabajo magnífico de Melnikov.

Un cómic entretenido que nos cuenta una historia pequeña y que nos aleja, por unos instantes, de las épicas aventuras de superhéroes salvando el planeta y esto sin duda también se agradece. Editado en tapa dura por ECC puede ser tuyo por apenas 25 euretes.

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