Yokohama Eki SF (Yuba Isukari y Gonbe Shinkawa)

Imaginemos que, un buen día, la estación de Atocha comenzara a expandirse por toda España. Sin control, pero con vida propia. Y una serie de normas y guardianes robotizados que velan porque se cumplan. Suena extraño y fascinante a la vez, ¿verdad? Pues es la idea que vertebra la novela Yokohama Station, escrita por Yuba Isukari y que ahora ha sido adaptada a manga por Gonbe Shinkawa y publicada por Planeta Cómic. En ella, Isukari narraba las peripecias de Hiroto, un joven que viven en una de las pocas zonas de la isla de Honshu que no ha sido controlada por la red Suika, la mente que gobierna la infinita expansión de la estación. Afortunadamente, consigue hacerse con una tarjeta que le permite adentrarse en ella durante cinco días: cinco jornadas en las que tratará de encontrar respuestas a qué está sucediendo en el interior y descubrir una forma de detener esta expansión.

Os puedo adelantar que es fascinante, sugerente y muy imaginativo cómo Shinkawa ha sido capaz de adaptar esta novela. Tal y como comenta el propio autor, era complejo adaptar una obra como la que él escribió (y que ha publicado también Planeta Cómic), con una serie de ideas tan abstractas como dificultosas de plasmar en una viñeta. Y se puede decir que, viendo el resultado, el trabajo de Gonbe Shinkawa es más que notable: la plasmación de una estación de Yokohama que cobra vida propia y comienza expandirse sin límites es tan aterradora como extrañamente reconfortante. Dentro de ella se gesta una sociedad donde no está permitida la violencia contra el edificio ni contra quienes las habita: una especia de calma tensa que atenaza a sus habitantes y a aquellos que se oponen a la red Suika. ¿Y cómo logra la estación controlar a todos su habitantes? Sencillo, mediante un implante que han de introducirse antes de cumplir seis años: en caso contrario (como en caso de rebelión) son expulsados por las puertas automáticas al agujero más cercano y abandonados allí hasta morir de hambre o sed.

La red Suika funciona, pues, como una suerte de Gran Hermano que todo lo observa y todo lo controla: lo curioso es observar cómo el ser humano es capaz de adaptarse a un tipo de sociedad que, sin uso de la violencia, está fuertemente reprimida. Claro ejemplo de esta adaptación son los llamados «revisores», un grupo que dice trabajar bajo las órdenes de la estación y que vela porque sus leyes no se quebranten. Cuando el manga desarrolla este tipo de ideas, sabe brillar con luz propia y uno desearía que las hubiera desarrollado con más profundidad. Y que no se me entienda mal, todo lo relacionado con la concepción Yokohama como un ente vivo, el tipo de sociedad que se desarrolla en su interior, su arquitectura, los revisores, las puertas automáticas… Todo ello está muy bien hilvanado, pero de tan interesante que resulta, uno querría que continuara un paso más allá. Por fortuna, aunque es un volumen autoconclusivo, tiene un final lo suficientemente abierto como para poder esperar una continuación, que desconozco si ya se ha producido en tierras niponas.

Así pues, los amantes del género post-apocalíptico tienen en Yokohama Eki SF una propuesta muy interesante y que sabe jugar perfectamente con sus ideas y temas para mantener atrapado al lector durante toda la obra: un manga trepidante pero que sabe detenerse en los momentos precisos para ahondar en sus protagonistas y sus motivaciones. De paso, consigue que la estación de Yokohama sea uno de los protagonistas más fascinantes que el fin del mundo ha creado. Y no es poca cosa.

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