Reseña: One Piece #100 (Eichiro Oda)

Cien tomos.

Es difícil comenzar una reseña sobre un número cien. CIEN tomos que llevamos de One Piece. Cien tomos del, pese a quien pese, manga más importante de la historia. Más de mil episodios de una aventura que ha cruzado todas las fronteras, superado montones de records y generado toneladas de dinero y por supuesto, fans a lo largo y ancho del globo.

Cien tomos. Cien.

Pocas son las obras que pueden presumir de llegar a semejante número de, bueno, números. De hecho, algunos de los grandes pilares del shonen, como la eterna sobrevalorada Dragon Ball cuenta con «solamente» 42 tomos. Pero es que además lo hace en un estado de salud francamente envidiable. Donde otras obras dan muestras de cansancio a partir de cierta extensión, One Piece ha sabido ir hacia arriba, superando incluso el crítico time skip que acaba por joder muchas otras obras, como la ya nombrada Dragon Ball o Naruto, por ejemplo.

Cien putos tomos.

Pero seamos claros. Si estáis aquí, leyendo una reseña del centésimo tomo de un manga, es porque probablemente tenéis ya los 99 anteriores, y este va a caer más pronto que tarde. No hay mucha sorpresa, son otros diez episodios del combate que cerrará el arco de Wano, con Kaido y Big Mom enfrentándose a Luffy, Zoro, Kid y Law. ¿Qué os voy a decir que no sepáis? Así que me voy a permitir a mí mismo, por esta vez, reseñar, si es que podemos llamarlo así, la carta del maestro Oda que viene incluida en este tomo cien.

La carta se publicó en el número 40 de la Weekly Shonen Jump en Septiembre de 2021, y en ella Eichiro Oda se centra en dos cosas. La primera, la enorme cantidad de espacio que debe ocupar la colección completa (y los que quedan) en las estanterías de los fans. La segunda, y yo creo que la importante de todo esto, es el vértigo que le produce mirar atrás y ver que ha dedicado 24 años de su vida únicamente a dibujar durante cada día de su vida. 24 años dedicados a una única historia que, imagino, no apuntaba a las titánicas dimensiones en las que se mueve actualmente, pero que sin duda sigue las mismas líneas maestras que plantó entonces en 1997 y que son las que la llevaron a lo más alto. Son más de dos décadas desarrollando una narrativa que ha ido haciéndose más sólida gracias a un dibujo que toma lo mejor del legado de maestros como Akira Toriyama o el tristemente conocido Nobuhiro Watsuki, del que fue asistente, y construye un estilo propio que va mucho más allá de lo que hasta entonces había ido el dibujo en un shonen, teniendo en muchas ocasiones más en común con los cortos animados de Tex Avery o de los Loony Tunes que con sus coetáneos. Y gracias, claro, a una planificación a largo plazo de acontecimientos que emana una meticulosidad en ocasiones abrumadora. Y todavía se pregunta el individuo si será capaz de darnos un final a la altura de nuestras expectativas.

Más allá de mis propias predicciones sobre el final, sólo quería dejar clara una cosa. No ire tan lejos como para decir que el final no importa, pero desde luego, incluso si el One Piece resulta ser los amigos que hacemos por el camino, conmigo, Eichiro, lo tienes todo hecho. Nos has regalado 25 años de aventuras increíbles, personajes adorables, y algunos de los momentos más épicos que he vivido nunca delante de un manga. Aún quedan muchísimos misterios por resolver y tramas por cerrar, pero sólo con que el final sea la mitad de apasionante y bien pensado que lo que hemos visto, va a a estar por encima de la inmensa mayoría de shonen que este juntaletras haya podido leer.

Así que, desde este pequeño altavoz te digo: Difícilmente podremos nosotros estar a la altura de lo que nos has dado hasta ahora. Gracias, Eichiro Oda, por tanto.

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