Reseña: Un año sin Cthulu (Thierry Smolderen y A. Clerisse)

Son las 6:30 de la mañana del 1 de abril del 2000, solo el sordo sonido de algún vehículo rompe el silencio de otro recién amanecido sábado. Un nuevo fin de semana que se presenta tranquilo en el pequeño pueblo de Santiago el Mayor. José se levanta de la cama, se viste en silencio y con el mismo sigilo recoge su catana. Con calma se dirige a la habitación donde duerme su padre. Una vez dentro asesta varios golpes mortales a su padre que lo dejan sin vida. Se encamina ahora con paso firme a otra habitación, en ella se encontraban su madre y su hermana de 11 años, está con síndrome de dawn, despiertas ya por el ruido que venía de la otra habitación. Sin miramientos, José vuelve a levantar el arma para acabar con ellas de manera tan brutal que incluso rompe el sable en uno de los golpes y tiene que recurrir a un machete para terminar con la masacre. Tras esto va al baño y llena la bañera, sumerge el cadáver de la hermana y arrastra el cadáver de la madre para que el olor no alerte a los vecinos. Al padre lo deja la cama pues pesa demasiado como para arrástrarlo junto con los cuerpos de su madre y hermana. Cansado, se cambia de ropa, busca algo de dinero por la casa y sale de casa, quiere ir a Barcelona para comenzar una nueva vida. Esta sería una crónica aproximada, y algo dramatizada, de uno de los crímenes más violentos que se han cometido en la Región de Murcia, es posible que incluso de España.

“El asesino de la catana” lo llamaban y al parecer y según los periodistas de la época, grande como siempre la prensa española, sus actos eran el resultado del consumo excesivo y continuado de juegos de rol y videojuegos. Una gran tontería que se sustentaba  en la posesión de una catana, la aparición de una copia de Final Fantasy 8 y al parecido que había entre el peinado del asesino confeso con el protagonista del último juego de Square. Al final este entonces adolescente no cometió estos asesinatos para emular ningún juego ni por el contacto con ningún dios primigenio si no porque padecía un trastorno sicológico, una personalidad antisocial y una carencia de capacidad de comprensión emocional lo que le empujó a masacrar a su familia en un acto, para él, coherente para conseguir un fin que, pare él también, era totalmente coherente. La mayoría de crimines no terminan siendo el resultado de terribles maquinaciones cósmicas sino en simples desvaríos de mentes débiles y frágiles.

Esa es la premisa de “Un año sin Cthulhu” de Smolderen  y  Clerisse. Un grupo de aficionados a los juegos de rol, en concreto a la Llamada de Cthulhu, que se ven envueltos en una espiral de sucesos paranormales que desembocan de manera irremediable en un terrible asesinato, una brutal masacre sin sentido alguno salvo para las desquiciadas mentes que participaron en ellos. Unos actos que la prensa y policía rápidamente asocian a esa nueva “moda” de los juegos de rol y que vuelve locos a los que los juegan. Unos acontecimientos que vuelven patas arriba un tranquilo pueblo donde nunca pasa nada en pleno verano de 1984. Un relato lleno de misterio, magia  y el ponzoñoso  aroma de los relatos de H.P. Lovecraft que lo envuelve todo. Una historia llena de referencias a la cultura de la primera mitad de los años 80. Algunas de ellas tan claras como Tron, las maquinas árcade o grupos musicales y otras algo más veladas y solo aptas para el lector más curioso como referencias al cine de Lynch o Cronenberg. Los personajes pecan de ser algo, quizás demasiado, estereotipados pero está claro que es un lujo que Thierry se toma para representar mejor los distintos estratos sociales. Aparte es una forma evidente de situar a los protagonistas de una historia igual de encajados en unos roles tan definidos  como los personajes de una partida de rol. Una aventura apasionante que nos sumerge en las vivencias de un grupo de jóvenes que nos recordará de manera inevitable a los grandes títulos como “Cuenta Conmigo” o “Los Goonies”.  El gran merito de Smolderen es saber cómo llevar al lector por ese sendero de la duda entre lo real y lo irreal e incluso al final deja la puerta abierta a que en la mente de todos siempre hay grietas, grietas que al romperse dejan salir a los auténticos monstruos.

En la parte visual Alexandre Clerisse tiene la difícil tarea de dar sentido a un relato a caballo entre la realidad y la fantasía. Toma la decisión de tomar el estilismo clásico de las historias de ciencia ficción de la Francia de los años 70. Un estilo visual lleno de color y de luz que trata de traer a la actualidad la atmosfera de la Francia rural de finales del siglo pasado y que sin duda le sienta perfecto al relato y que atrapa al lector en un remolino de colores chillones, formas poligonales y miles de referencias a la cultura pop de la época.

Los que sois asiduos a este blog, y al podcast, ya sabéis que no soy muy asiduo de reseñar comics, solo picoteo en aquellos títulos que realmente creo interesantes y sin duda alguna Un año sin Cthulu es una de esas obras que no puedes dejar escapar y de las que hay que dar gracias a Norma por ponerlas a nuestro alcance.

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