Reseña: Corto Maltés – El día antes (Martin Quenehen, Bastien Vivès)
Una de las máximas más importantes en la creación artística, sobre todo cuando entramos en terrenos de reinicios, secuelas y relecturas de personajes clásicos es saber cuándo retirarse, preferiblemente antes de que el barco se hunda. Sin embargo, pese su aparentemente sencillez, es algo que muy pocos cumplen, alentados por la voracidad de una industria que tiende a estirar cualquier fórmula que funcione hasta que deja de hacerlo (y todavía un poco más) y financiados por unos lectores que nunca parecemos tener suficiente de lo que nos gusta. Por eso mismo, que Martin Quenehen y Bastien Vivès hayan decidido cerrar su particular visión de Corto Maltés en tres álbumes, con el personaje en plena forma y sin que nadie se lo pidiera, ya es en sí mismo toda una declaración de intenciones.
Una de las principales características del Corto Maltés original había sido darse de bruces una y otra vez con la Historia – así, en mayúscula – y algunos de sus principales acontecimientos y personajes. Teniendo esto en cuenta cuando arrancó su andadura con la nueva serie el dúo francés decidió, con buen ojo (y bastante cuajo), no solamente romper completamente con la continuidad original y sino también cometer la herejía de situarse en pleno siglo XXI y enfrentar a nuestro protagonista a los demonios de un tiempo que ya no entiende de romanticismo ni de espíritu aventurero.
Su periplo arrancó con Océano negro, y fue mucho mejor de lo que cualquiera se atrevía a esperar. Un Corto joven, casi un pirata de poca monta, que en el mundo del 11S se embarcaba en la búsqueda de un tesoro que quizá solo existía en su cabeza, y que por el camino iba descubriendo (y descubriéndonos) quién era. Un álbum introductorio, deliberadamente ligero, descarado y lleno de vida que demostraba que el personaje podía cambiar de siglo sin perder ni un ápice de su identidad, demostrando a los escépticos y guardianes de las esencias que sus temores eran infundados. Con La reina de Babilonia, que llegaría tres años después, Corto dio un salto al frente: de Venecia a Sarajevo y de Estambul a Irak, entre traficantes y espías, con una historia mucho más densa y adulta, impregnada de pérdida y traición, que dejaba a nuestro protagonista tocado (física y emocionalmente) de una manera que el Corto de Pratt rara vez se permitía mostrar.
Llega ahora a nuestras librerías de cabecera El día antes para cerrar el círculo. Si los dos primeros álbumes miraban a las grandes heridas geopolíticas del arranque del siglo (el terrorismo global, las guerras de Oriente Medio y los Balcanes), esta última entrega apunta a la que probablemente sea la gran guerra de nuestro tiempo: la guerra imposible que libramos para salvar el planeta, y que vamos perdiendo. La aventura arranca en Sídney, donde Corto acude a reencontrarse con un viejo amigo, un piloto de hidroavión en horas bajas, y acaba secuestrado – no hay otra palabra – por una abogada ambientalista y una exsoldado de operaciones especiales australiana que arrastra los fantasmas de Afganistán. ¿Su objetivo? Rescatar a una vieja amiga, una activista encarcelada en un archipiélago, Tuvalu (sí, el de los dominios .tv), condenado a desaparecer bajo el mar. Con todo en contra y sin un plan claro, ¿qué podría salir mal?
Lo que sigue es una huida hacia adelante por el Pacífico, de las islas Salomón a Vanuatu y sus cultos cargo, pasando por islas de plástico flotante francamente impactantes y una prisión tropical con menos seguridad que la de un instituto, acompañando a un grupo de protagonistas que no siempre reman en la misma dirección. Si Océano negro era un álbum sobre la búsqueda de la identidad y La reina de Babilonia sobre la pérdida, El día antes es un álbum sobre la huida: más rápido, más físico, más de aventura pura y dura, y con un final precioso sobre las segundas oportunidades. Un final redondo que, en perspectiva, da sentido tanto al título como a la trilogía completa.
Porque esa es la gran virtud de este cierre: leídos del tirón, los tres álbumes cuentan una sola historia. La de un Corto que en el primero no sabe todavía quién es, en el segundo descubre lo que cuesta serlo, y en el tercero, con todo eso a la espalda, elige. Quenehen ha ido construyendo ese arco con paciencia y sin subrayarlo, y lo remata aquí con la voz cínica, lacónica y reconocible del personaje intacta. Es cierto que el ritmo acelerado de esta última entrega deja algunos personajes secundarios a medio explorar y que la emergencia climática que da sentido a la historia funciona más como telón de fondo que como tema que se trate en profundidad. Pero como cómic de aventuras y como despedida, funciona perfectamente.
No quiero terminar sin hablar del trabajo de Bastien Vivès que, polémicas aparte, vuelve a demostrar su enorme talento y su afinidad con un personaje que le sienta como un guante. Con su habitual paleta de blanco, negro y gris, el artista parisino pasa sin esfuerzo de la sensualidad de una noche en Sídney a la violencia seca de un tiroteo, y nos regala unas cuantas páginas de mar abierto y cielos del Pacífico que destilan la esencia de Pratt en cada trazo. Si en Océano negro todavía se notaba al dibujante tanteando al personaje, aquí lo domina por completo. Pura vida, otra vez.
Como sus dos predecesores, Corto Maltés – El día antes nos llega de la mano de Norma Editorial en una cuidada edición en cartoné de 176 páginas en bitono, con una cubierta que vuelve a jugar la baza de la imagen sencilla y evocadora y que acompaña perfectamente a las otras entregas en la estantería. Como es habitual, no podían faltar los extras marca de la casa. En esta ocasión encontraremos una carta de despedida de Martin Quenehen así como un interesante dossier sobre la Polinesia a cargo del periodista y fotógrafo Antonio Politano. Si seguiste a este Corto del siglo XXI desde el principio, no necesitas que te diga nada más. Y si no lo hiciste, este es el momento perfecto para hacerte con los tres y devorarlos de una sentada: pocas veces una relectura de un clásico ha sabido tan bien cuándo empezar y, sobre todo, cuándo terminar.


Miembro de Reserva de Maná y director de Low Poly. Lector de cómics, cinéfilo, y curioso de la tecnología. Part-time dreamer.