Reseña: La 3ª Kamera de Cédric Apikian
La Historia la escriben los vencedores.
O eso decía Churchill, y no le faltaba razón, pero sería frívolo, y quizás idiota, pensar que los perdedores de una contienda no estaban escribiendo también la suya. La diferencia entre unos y otros que, evidentemente, los que se llevaban la victoria es la que terminaban publicando su versión de lo ocurrido, sea buena o mala.
Esta es es más o menos una de las ideas que se pueden desgranar tras leer “La 3º Kamera”. Que durante la guerra el bando alemán preparaba su propia versión de la 2º Guerra Mundial, para que una vez terminada esta fuera el bando aliado el malvado. Para esta tarea el Tercer Reich mando crear, bajo el control y supervisión del propio Goebbels, el Propagandakompaniem, que como y a podréis imaginar era una compañía militar formada por reporteros adiestrados en escuelas especiales y que se dedicaban en cuerpo y alma a producir la propaganda del régimen nazi. Reporteros uniformados que capturaban con sus camaras Leica y Contax la crudeza de las batallas por toda Europa, siempre teniendo extremado cuidado de dar el enfoque más positivo hacia el bando nazi.
En concreto Cédric Apikian elige a uno de los reporteros nazis más famosos, el teniente de la Lutwafe Walter Frentz. Un ingeniero que capturó con su cámara los momentos más cotidianos de Adolf Hitler o del propio Goebbels. Estuvo en las playas de Dunkerque, acompañó a la elite del tercer Reich por el norte de Francia. Se centra en los últimos días de su carrera como fotógrafo, en un Berlín destruido y totalmente tomado por las fuerzas aliadas, pasando desapercibido escondiéndose tras una gorra bien encasquetada y viviendo en un completo anonimato. Huyendo de soldados estadounidenses y rusos, pero también de los últimos resquicios de un ejército alemán que ya está a la fuga, renunciando a todos sus ideales para buscar una salida que le lleve fuera de Berlín y de Alemania. Una historia intimista que nos muestra la cara más amarga del final de una guerra, donde las personas, sean del bando que sean, solo buscan sobrevivir un día más.
A nivel de visual el trabajo de Denis Rodier no se le puede poner ni un solo, pero. Su dibujo es claro, detallado y limpio. No tiene remilgos en pasar de una viñeta totalmente costumbrista a acto seguido mostrarnos el lado más amargo y oscuro de la guerra. El color pastel que da Elise Follin le da ese toque a película blanco y negro que ha sido coloreada e imprime carácter a cada uno de los excelentes planos de Denis.
Una obra magistralmente documentada sobre los últimos momentos de la 2 guerra mundial que Norma nos trae con una edición de lujo. Tapa dura, papel gran formato, y cargado con un completo dosier del protagonista personal y toda la época en la que se enmarca la novela gráfica.

De tanto jugar a videojuegos he terminado escribiendo de ellos en @noespais, hablando de ellos en @reservademana, director de la extinta «La Pistachería»