Reseña: La madre de los hermanos Blood (Brian Azzarello, Eduardo Risso)

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Hace poco traíamos a esta web el integral de Moonshine, una de las últimas colaboraciones del dúo creativo formado por Brian Azzarello y Eduardo Risso para Image Comics. En la reseña nos congratulábamos por tener de vuelta ese mundo criminal en el que la pareja se siente tan cómoda al mismo tiempo que nos dejábamos sorprender por el giro hacia lo sobrenatural y al terror más costumbrista. Una obra en la que podíamos encontrar todas las señas de identidad: temáticas, narrativas, artísticas y estilísticas del equipo creativo con las que tanto habíamos disfrutado en sus obras anteriores.

 

Está bien (y en el mundo de los videojuegos somos expertos en pedirlo) cuando nuestros artistas favoritos nos dan más de aquello a lo que nos tenían acostumbrados, de aquello por lo que son reconocibles y, por qué no decirlo, de aquello que como lectores nos mantiene en nuestra zona de confort. Pero a veces, tanto creadores como lectores, necesitamos más, algo más fresco y diferente que se salga de la trayectoria anticipada. Es de justicia decir que Moonshine era una excelente obra, pero resultaba difícil imaginarla apartada de la alargadísima sombra de 100 Balas. En este sentido, La madre de los hermanos Blood, recién llegada a las librerías, representa ese cambio de registro tan necesario.

 

Heredero de clásicos del western como la atemporal Centauros del desierto (John Ford, 1956) o la más moderna El fuera de la ley (Clint Eastwood, 1976) con algunos elementos de la novela Meridiano de sangre (Cormac McCarthy, 1985), La madre de los hermanos Blood nos presenta la historia de hermanos, que recorrerán la frontera del salvaje oeste tratando de rescatar a su madre, secuestrada por una banda de sanguinarios forajidos después de haber asesinado, sin ningún miramiento, a su padre, y se cruzarán con personajes de todo tipo y condición. Un salvaje oeste en el que la palabra salvaje es mucho más que una muletilla. Un oeste despiadado, peligroso, mezquino y cruel en el que las únicas leyes son las de la supervivencia y la brutalidad y en el que la inocencia, si es que existe, es efímera.

 

Azzarello propone un road trip accidentado y pesimista que transita los caminos de la violencia en todas sus formas. Resulta especialmente perturbador que los protagonistas, los hermanos Blood, no sean más que tres niños obligados a madurar a base de golpes y decepciones. En este sentido, la obra retrata la pérdida brutal de una inocencia que jamás volverá y de una niñez que se desvanece con cada encuentro en el camino. ¿Vale la pena pagar semejante precio por perseguir la justicia? ¿O tal vez sea venganza?

 

Si bien la deriva temática de Azzarello, aunque apreciable, sigue manteniendo muchas de sus señas de identidad, es en el increíble trabajo de Eduardo Risso donde más se aprecia el cambio de registro. Tanto es así que, si no llego a leer su nombre en la portada y a ver su reconocible firma en sus ilustraciones, jamás hubiese podido adivinar que La madre de los hermanos Blood era obra suya. Esta serie marca un brillante punto de inflexión en su carrera (especialmente en sus colaboraciones con Azzarello) y demuestra, si es que algún despistado alguien tenía todavía alguna duda, que no solo es un excelente artista sino que además se encuentra en plenitud de facultades, hasta el punto de haber conseguido hacerse con su quinto premio Eisner con este trabajo.

 

Risso deja atrás su característico claroscuro de alto contraste, colores digitales planos y figuras estilizadas para saltar prácticamente a sus antípodas: acuarela pintada sobre el lápiz con una paleta mucho más abierta, jugando con los colores cálidos – sofocantes por momentos – y con la suciedad del trazo en un estilo que le sienta fenomenal al western. Destaca especialmente el uso narrativo de este estilo, que retuerce el tono suave, onírico, incluso infantil, asociado tradicionalmente a la acuarela hasta convertirlo en un cuadro de violencia expresionista, regalándonos por el camino un buen número de imágenes tan bellas como impactantes.

 

Norma Editorial recoge en un único tomo de 224 páginas en tapa dura y gran formato (para poder disfrutar mejor del trabajo de Risso) los cuatro números publicados originalmente en DSTLRY entre mayo de 2024 y julio de 2025, además de un buen puñado de extras entre los que se incluyen una escena eliminada que añade un poco más de contexto a la obra, la habitual galería de portadas originales de Risso y alternativas de artistas invitados como Howard Chaykin, Dan Panosian, Fábio Moon, Gabriél Bá, Jock o Rafael Albuquerque, así como una galería de bocetos de personajes y algunas páginas. La madre de los hermanos Blood demuestra que no solo es posible reinventarse, sino que es posible hacerlo desde la excelencia.

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