Reseña: Kaiju 8 #1 (Naoya Matsumoto)

El panorama del manga, y de la revista Shonen Jump en particular es muy cambiante. Durante muchos años tuvimos al trío de ases compuesto por One Piece, Naruto y Bleach. Y desde el final de las aventuras del ninja butanero la caída y cuasi cancelación del shinigami sustituto, todo lo que no es One Piece parece estar en un continuo baile de popularidad, fama y éxito efímeros, y sonoras cancelaciones. Además, aún debe escocer el arrollador éxito de Shingeki no Kyojin, manga que fue ofrecido en un principio a la prestigiosa revist y rechazado debido no sólo al irregular dibujo de Isayama, si no también a un planteamiento mucho más oscuro, sangriento, y desolador que el que se esperaba de la publicación semanal.

Así que en su búsqueda de emular semejante pelotazo, un manga que aunara ese espíritu de combates entre adolescentes entremezclado con body-horror, que esté justo en ese punto dulce entre lo extraño y perturbador y lo familiar y cómodo, hemos podido disfrutar de pelotazos como Kimetsu no Yaiba, Jujutsu Kaisen, Chainsaw Man.

Además, la editorial Shuheisha puso en el mapa Jump+, una plataforma en la que se buscaba dar más libertad a los autores para hacer obras que, aún dentro de unos parámetros, sí se sintiesen más libres, experimentales y arriesgadas. En esta plataforma no hay asegurada ni la periodicidad ni la longitud de los episodios, por lo que parece un buen lugar para que las buenas ideas germinen. Y ahí es donde nace la obra que hoy nos ocupa, Kaiju 8.

Nos situamos en un contexto en el que Japón lleva varios años luchando contra invasiones esporádicas de kaijus. Unos más grandes y fuertes, otros más pequeños. Y una vez que las fuerzas de defensa cumplen su glorioso deber de acabar con la amenaza, alguien tiene que limpiar el gigantesco estropicio que supone tener el cadáver de un monstruo gigante con toneladas de secreciones tóxicas esparcidas en mitad de la ciudad. Nuestro protagonista es uno de los operarios de limpieza de kaijus, Hibino Kafka.

Es bueno en su trabajo, se le da bien, pero su ilusión siempre fue pertenecer a la fuerzas de defensa para derribar kaijus, y así cumplir la promesa que le hizo a su amiga de la infancia y ahora destacado miembro de las susodichas fuerzas de defensa, Mina Ashiro. No es hasta la llegada de un nuevo y joven compañero, Reno Ichikawa, que se enciende de nuevo su deseo por entrar en las fuerzas de defensa. Así que en mitad de una limpieza se topan con un kaiju que les ataca y los deja a ambos en el hospital. Encamados y recuperándose, Kafka jura que tomará de nuevo el examen para las fuerzas de defensa y, esta vez sí, cumplirá la promesa que le hizo a su amiga.

Pero algo aun más extraño sucede, porque en mitad de esta promesa un extraño… ¿parásito? entra en el cuerpo de nuestro protagonista, convirtiéndolo en, sí, lo habéis adivinado, un kaiju. Y ya podréis imaginaros, amigos, las contrariedades que esto supone si quieres entrar en el cuerpo que se encarga precisamente de su exterminio. Lo que sigue es, primero, un ejemplo perfecto de cómo mezclar acción y humor con personajes que, a priori, son los típicos de otros muchos shonen pero que están lo suficientemente bien escritos para querer conocerlos. Y segundo, un manga con un ritmo impecable y un dibujo estupendo. Nos deja además este primer tomo en mitad de una de las pruebas para ingresar al cuerpo de defensa que, como viene siendo habitual, se ha torcido bastante, por lo que Kafka se va a ver obligado a usar sus poderes, corriendo el riesgo de desvelar su secreto ante todos sus compañeros.

La verdad es que este tomo me ha dejado un sabor de boca inmejorable. Buen dibujo, buen ritmo, y por fin un protagonista que no es un adolescente, si no un treintañero que decide tomar las riendas de su vida después de muchos años dejándose llevar pensando que no merecía más. Complicado no sentirse mínimamente identificado.

Quedo, de verdad, a la espera de la segunda entrega y posteriores, porque este Kaiju 8 es, sin lugar a dudas, un manga diferente y divertidísimo al que hay que seguirle la pista.

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