Reseña: Killer Groove (Ollie Masters y Eoin Marron)

Ha llovido mucho, casi 30 años, desde que Image Comics apareciese para cambiar para siempre las reglas del juego comiquero norteamericano acabando con la tiranía de los personajes eternos sin apenas margen para evolucionar y trasladando la propiedad de las obras de la editorial a los autores. Una buena jugada para los creativos, pero sobre todo para los lectores, que desde entonces hemos sido testigos de una explosión de grandes títulos que difícilmente hubiesen salido a la luz sin la libertad creativa de este formato editorial.

Desde entonces otros muchos sellos han hecho su aparición en el mercado, incrementando la oferta y permitiendo la entrada a nuevos autores con ideas frescas y propuestas originales e innovadoras. Editoriales como TKO Studios, AWA Studios, Boom! Studios o, la que hoy nos interesa, Aftershock Comics, se han unido a la fiesta para quedarse. Y nosotros lo celebramos.

De la mano de Planeta Cómic, que tiene los derechos de publicación de Aftershock en España, llega a nuestras librerías uno de los últimos bombazos del sello americano: Killer Groove, un apasionante thriller ambientado en la escena musical californiana de los años 70. Una propuesta que enriquece el clásico sexo, drogas y rock & roll con un cuarto ingrediente… sangre.

Killer Groove es una historia de perdedores, de personajes que aunque lo intentaron no consiguieron subirse al tren del sueño americano y han terminado consumiendo sus días en un oscuro tugurio de los bajos fondos de Los Angeles. Pero a su vez, de forma indirecta, también es el retrato del desencanto del movimiento hippie, incapaz de sobrevivir a sus buenas intenciones. O quizás podríamos definirlo como un noir crepuscular, que por perder, ha perdido incluso el recurso del blanco y negro…

Jonnyes uno de esos jóvenes que llenaron sus maletas de ilusión y se mudaron a la costa oeste junto a su guitarra con la intención de triunfar en el mundo de la música y de comerse el mundo, pero a quienes el mundo terminó comiendo… y vomitando sin ninguna piedad. Ahora pasa sus días tocando con desgana algún tema ante una parroquia de borrachos en un garito de mala muerte mientras rellena, con whiskey de garrafón, el vaso de clientes habituales como Jackie, expolicía reconvertida en detective privado que malvive entre casos de mierda macerada en alcohol.

La vida de Jonny cambiará para siempre cuando un buen día se ve envuelto por casualidad en un ajuste de cuentas y, por accidente, termina matando a un hombre. Para su sorpresa, descubre no solo que el arte asesinato no se le da nada mal, sino que además la sangre de sus víctimas viene acompañada de la inspiración que necesitaba para relanzar su carrera musical y convertirse en la estrella que siempre había querido ser.

Por su parte, Jackie tendrá que adaptarse a la presencia de su tío, un inmigrante cubano que llega a su vida huyendo de la amenaza del crímen organizado mientras se gana la vida con casos aparentemente triviales en los que siempre hay algo más de lo que en un principio parecía.

Las vivencias de ambos personajes serán el vehículo que un Ollie Masters (The Kitchen, Snow Blind) en estado de gracia utilice para elaborar un relato sólido y de múltiples capas sobre perdedores tratando de sobrevivir de la mejor manera posible en un mundo corrupto y decepcionante. Una historia que roza lo fantástico sólidamente construida en un mundo que respira realidad, lleno de pequeños detalles históricos en un segundo o tercer plano que cimentan su verosimilitud.

El dibujo de Eoin Marron (Army of Darkness, James Bond), que debuta como dibujante en una serie propia, encaja perfectamente con la propuesta de Masters y consigue dar vida y dotar de expresividad a unos personajes complejos y llenos de contradicciones. Sus trazos crean el tono y el ritmo adecuados para la narración, apoyándose en una estructura de viñetas en tres bandas que marca perfectamente los tiempos como si estuviésemos leyendo una partitura.

Mención especial merecen las portadas, también a cargo de Marron, cada una de ellas diseñada como si fuese un single en vinilo de la época, con imágenes tan inspiradas como impactantes (la del número 3 me flipa) y unas cubiertas cada vez más descoloridas y deterioradas emulando el descenso moral de Jonny conforme va avanzando la historia.

Antes de terminar la reseña, me gustaría mencionar que además de en las portadas, la música se encuentra permanentemente presente a lo largo de toda la obra. No solo en los ambientes recogidos, en las múltiples referencias históricas, o en las composiciones del propio Jonny, sino también en las listas de Spotify con temas de la época que el propio Ollie Masters ha seleccionado para ponernos a tono mientras disfrutamos de la lectura.

La cuidada edición que nos trae Planeta Cómic contiene los cinco números en los que se publicó originalmente la serie en un único volumen en tapa dura de 144 páginas incluyendo un buen puñado de extras. Además de las portadas originales comentadas por Masters ya mencionadas, el tomo también portadas alternativas, un pequeño colofón por parte de los autores, bocetos y composiciones comentadas por los autores, así como breves reseñas biográficas del equipo creativo.

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