Reseña: El hombre que j&#ió el tiempo (John Lyman y Karl Mostert)

Sean Bennett curra en un laboratorio de alta tecnología y tiene entre manos la posibilidad de cambiar su historia. Está harto de Cooke, está harto de que le tomen por el pito del sereno y está harto de ser el último mono en absolutamente todo. Y para colmo, su yo del futuro le anima a usar esa máquina del tiempo y poner las cosas en su sitio. Así que, claro, cae en la tentación. Y ya podéis imaginaros todos cómo va a reliarse la cosa.

Las historias de viajes en el tiempo suelen ser muy divertidas y además, creo yo, son un reflejo de la creatividad de su autor. Los auténticos genios suelen sacar mucho jugo a los follones espacio temporales, y no hay más que ver clásicos atemporales como Regreso al Futuro para darse cuenta de que es una premisa con unas posibilidades casi infinitas para la comedia de aventuras.

John Layman siempre ha sido un guionista caracterizado por darle ciertas vueltas a los tropos y clichés de los géneros que trabaja. Chew o Outer Darkness son buena muestra de ello. Es por esto que esperaba fervientemente que tomara los viajes en el tiempo y les diera su particular tratamiento.

Y es que El hombre que j#&ió el tiempo es una de esas historias en las que el protagonista intenta cambiar la historia reciente para enmendar la típica tontería que le aflige y acaba provocando paradojas y efectos en cadena. Pero claro, las aventuras de Sean Bennet están bajo la batuta de Layman, que deja las desventuras temporales de El Efecto Mariposa o Crononautas como un martes cualquiera. El tebeo que nos ocupa es una escalada de locuras que convierte nuestro presente (el de Sean Bennet, más bien) en un disparate poblado por dinosauros y señores con chistera. Y por si esto fuera poco, la policía del tiempo lo tiene en su punto de mira. ¿Qué más puede pasar?

El hombre que j#&ió el tiempo es un tebeo que se lee rapidísimo porque en la mejor tradición de John Layman, el ritmo es endiablado y la composición y dibujo de Karl Mostert, un artista al que acabo de conocer, ayudan a que este álbum que comprende los cinco primeros números entre por nuestros ojos igual que la cerveza fresquita por nuestro gaznate. Los dibujos de Mostert recuerdan en cierta medida a los diseños más «feistas» de Frank Quietly, aunque con un tono más cartoon, pero desde luego el tipo tiene talento sobre todo a la hora de poner en papel aberraciones temporales y escenas muy surrealistas, trabajo al que ayuda el coloreado de Dee Cunniffe. Da la sensación de que ambos se han divertido muchísimo poniendo el guion de Layman en imágenes.

El volumen que nos trae Planeta es el formato clásico de tapa dura, papel de buen gramaje, con unos poquitos extras, como las portadas alternativas y algunos (pocos) bocetos. Suena exiguo, pero por 15 euros no se puede medir mucho más.

El hombre que j#&ió el tiempo es otra historia de ciencia ficción con el sello de John Layman, y no hace falta que venga tu yo del futuro a confirmarte que sí, que dentro de una semana te has comprado este tebeo y te lo has pasado en grande. Basta con recordar que si has disfrutado de sus anteriores trabajos, vas a querer darle un tiento a este.

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