Reseña: Cadáveres exquisitos Vol. 1 (James Tynion IV, Michael Walsh)

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Si echamos un vistazo a los títulos más aclamados del panorama comiquero reciente, no tardaremos en identificar un nombre que se repite con cierta frecuencia: James Tynion IV. Con títulos propios como Hay algo matando niños, The nice house by the lake, El departamento de la verdad, Spectregraph, El depravado o W0rldtr33, éxitos de crítica y público, además de su participación en cabeceras clásicas de grandes editoriales (principalmente DC Comics) y con varios premios Eisner a sus espaldas, Tynion se ha convertido por derecho propio en uno de esos autores que inmediatamente llaman nuestra atención cada vez que publican algo nuevo y que, al menos para mí, tiene carta blanca para escribir lo que quiera.

Tal vez sea por eso que en cuanto vi su nombre en el boletín de novedades de Norma Editorial no tardé ni un segundo en pedir su nueva obra, sin ni siquiera leer la sinopsis o echar un vistazo al arte. Y vaya si no me equivoqué: tras haber leído únicamente su primer volumen (la serie todavía ha terminado su publicación en Estados Unidos, donde está siendo un auténtico fenómeno) ya me atrevería a decir que apunta altísimo. Aunque este éxito no es fruto de la casualidad.

Cadáveres exquisitos es una apuesta terriblemente ambiciosa desde su concepción, pretendiendo ser un juego en todos sus niveles: tanto en lo creativo, como en lo argumental como más allá de sus páginas. Tynion y el artista Michael Walsh dedicaron más de un año para definir un mundo y unas reglas a partir de las cuales poder construir. Crearon un conjunto de personajes riquísimo: asesinos, familias y habitantes de Oak Valley. Definieron sus trasfondos e historias personales, así como su aspecto físico, especialmente llamativo sobre todo en el caso de los asesinos. Y con todo este trabajo hecho y el color de la gran Jordie Bellaire, completaron el #1 de la serie. Un número extra largo, de 60 páginas, que sirve como punto de partida y presentación de personajes. A partir de aquí, comienza el juego.

Tal vez, en este momento, debería hacer una pausa para comentar de qué va Cadáveres exquisitos. Como si fuese un cruce entre Los juegos del hambre y La purga, Tynion y Walsh desarrollan la idea del poder en la sombra mostrándonos las 13 familias que, por encima de leyes, política y moral, controlan el mundo. Una sociedad secreta de 13 familias asociadas a los 13 estados fundacionales de los Estados Unidos que conviven en un equilibrio de poder sustentado por un juego macabro: cada 5 años cada familia escoge a un asesino, y todos ellos participarán en un sangriento battle royale en la noche de Halloween cuyo vencedor/superviviente definirá qué familia gobernará el mundo hasta el siguiente juego. Con una particularidad: el terreno de juego es un pequeño pueblo elegido al azar donde sus habitantes, ignorantes de lo que está sucediendo, se convierten en jugadores pasivos y víctimas colaterales.

Más arriba hablaba de juego en el terreno creativo. Lo que hicieron Tynion y Walsh, una vez terminado ese #1  fue invitar a un grupo de creadores de confianza (Adam Gorham, Che Grayson, Claire Roe, Gavin Fullerton, Jordie Bellaire, Marianna Ignazzi, Pornsak Pichetshote, Tyler Boss y Valentine De Landro) a pasar un fin de semana juntos para, jugando con los materiales de base, determinar entre todos del desarrollo y resultado del battle royale. A partir de ahí, diferentes miembros del llamado Equipo Cadáver se van a encargar de desarrollar los siguientes números, cada uno con su propio estilo pero sin salirse de lo definido por el grupo, todo ello unido por el color de Bellaire que hace de pegamento para dar uniformidad artística.

En un entramado tan complejo como el que se plantea en Cadáveres Exquisitos, con tantos personajes e intereses cruzados, me gusta especialmente la aproximación narrativa escogida por el equipo creativo. Por un lado tenemos a las familias, espectadores del evento desde la comodidad de las pantallas, la distancia y su permanente sensación de impunidad. Personajes despreciables hasta el extremo de aderezar la competición con apuestas paralelas sobre las víctimas civiles que cada uno de sus asesinos se cobrará.

Por otro lado tenemos a los asesinos. Personajes grotescos, perturbados, violentos y muy trabajados en términos de diseño, presentados en el primer número sin demasiado detalle, a sabiendas de que se irán desarrollando a fuego lento conforme avance la serie. Tanto es así que, una vez presentados, muchos de ellos no vuelven a aparecer en este tomo. Una decisión acertada para no diluir la historia y perder fuerza en lo que verdaderamente importa… la gente.

Ahí es donde verdaderamente reside la magia de la serie. Grandes y poderosas familias, terribles asesinos psicópatas… suena atractivo, pero nuestro corazón va a estar siempre al lado de los habitantes de Oak Valley. Personas normales y corrientes (unos estudiantes, una madre soltera con su hijo, un empleado de gasolinera amante de las conspiraciones, una pareja de paramédicos…) que se encontrarán completamente perdidos ante una situación que les supera completamente. En una jugada maestra, plenamente consciente, que da completamente la vuelta a los battle royale tradicionales.

Norma Editorial recoge los 3 primeros números de la serie original de Tiny Onion (la productora de Tynion) publicada por Image Comics en un tomo de 144 páginas en rústica que, además del arranque de esta prometedora historia en el que caerán ya los 3 primeros asesinos, contiene a modo de extras un diagrama-resumen de la competición hasta el momento, ilustraciones de los personajes y una amplia galería de portadas alternativas. Una serie que arranca por todo lo alto y que cuyo mayor problema va a ser tener que esperar hasta la publicación del segundo volumen.

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